
Aquí tenéis un ejemplo de superación en un perro: esta pobre galga terminó en la perrera cuando su dueño la entregó para eutanasia el año pasado. Ni siquiera un nombre tenía. A pesar de su aspecto ajado, su microchip decía su edad: 6 años... y parecía una viejita, machacada a partos y sin ganas de vivir... con la mirada perdida sin esperanza de una caricia ...
Aquí tenéis el ejemplo de amor en un humano: la señora alemana que la adoptó, Susanne Regnat, no puso pegas porque tuviese mil cicatrices, cojease de una pata o le faltaran casi todos sus dientes. La ha llevado muchas veces al veterinario, ha ido durante meses a hacer fisioterapia con ella a una piscina especial y ahora que el pobre animal tiene una enfermedad degenerativa, ha luchado por buscar para ella ese carrito que le ayude a moverse porque Pimpinela ¡quiere vivir!
Nuestro respeto y admiración