
Desde la Conferencia de Pekín se ha producido un salto cualitativo sin precedentes, pues la comunidad internacional ha tomado conciencia de que la sociedad del futuro y el pleno desarrollo económico y social no se realizará sin la participación plena de las mujeres.
La sociedad global no permite pensar en términos reduccionistas y los cambios sociales tienen implicaciones en todos los niveles de la existencia humana: cultural, económico, político y simbólico, de ahí la necesidad de continuar promoviendo la participación de las mujeres en todos los ámbitos y avanzar hacia una sociedad más justa y democrática, de la que toda la sociedad en su conjunto, hombres y mujeres, resultará beneficiada. Significará un refuerzo de la legitimidad de las decisiones que, de este modo, se adoptarán en representación de toda la sociedad.
El empoderamiento de las mujeres, tanto a nivel personal como colectivo, la negociación de un nuevo pacto social entre mujeres y hombres, la apuesta por otro modelo organizativo social, deben ser estrategias que contribuyan a la quiebra de la infra representación de las mujeres en los espacios de poder, potenciando su liderazgo y superando el déficit democrático existente.