El Caballo

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Jerez, ciudad del caballo

Sin duda, Jerez es la ciudad española donde el caballo goza de una mayor dedicación. Además de la importante fuente de ingresos que representan para la ciudad las numerosas ganaderías y yeguadas que se afanan en la crianza y selección equina, la figura del caballo adquiere en Jerez el carácter de indiscutible protagonista en sus más arraigadas expresiones festivas.

En Jerez puede contemplarse al caballo trotando en la libertad de su campiña; al jinete de escuela que rejonea en su plaza de toros; a la jaca que acude enjaezada a ferias y romerías; a los elegantes enganches con tiros a la inglesa, a la húngara o a la calesera y al “cartujano” al paso que muestra lo que aquí puede conseguirse con la doma. Tan omnipresente está el caballo en esta ciudad que hasta se le ha dedicado uno de los monumentos de mayor significación y popularidad que decoran el urbanismo jerezano.

El genuino caballo de Jerez, el “cartujano”, debe su consecución y su nombre a los monjes de la Cartuja de Santa María de la Defensión, dedicados a la agricultura y la ganadería desde su llegada a la ciudad en la segunda mitad del siglo XV. Esta raza cartujana continúa salvaguardando sus virtudes en diferentes yeguadas de Jerez y, especialmente, en la Yeguada de la Cartuja bajo un cuidadoso programa de selección y mejora.

La “Real Escuela Andaluza del Arte Ecuestre” es la mejor prueba del cuidado, el mimo y el amor que los jerezanos profesan al caballo, siendo su muestra máxima el espectáculo ”Fantasía Ecuestre” que ofrece esta prestigiosa institución hípica.

En el campo de Jerez, junto a las yeguadas, abundan las dehesas donde pasta el toro bravo de "casta andaluza”. Las fincas ganaderas que rodean a Jerez -“Jandilla”, “Martelilla”, “Rojitanillo”, Bolaños”, “Los Alburejos”, “Granado”,…- pasan por ser de las más taurinas del Sur de España. La visión del toro en su medio natural, los herraderos, la faena de las colleras de garrochistas que acosan y derriban al becerro para probar su bravura, las “tientas” en la placita de la finca, las conducciones y los “encierros” de las reses escogidas para la corrida son actividades que en la campiña de Jerez parecen encontrar su aire definitivo.