El Caballo, la Feria, y la Feria del Caballo

Por Andrés Luis Cañadas Machado

Desde que siendo Álvaro Domecq y Díez alcalde de la Ciudad se instituyera la Semana del Caballo, la Feria de Abril; de Mayo después; Jerez ha tenido una especial y profunda vinculación con ese noble animal que tan querido y apreciado es entre nosotros, incrementada si cabe durante la alcaldía de Miguel Primo de Rivera y Urquijo, que fue el creador e impulsor de lo que hoy día se conoce mundialmente como Feria del Caballo.

Junto a los actos puramente feriales; Mercado de Ganados cada vez más devaluado; Concurso de Casetas; etc., tienen lugar cada año importantes actividades hípicas que han proyectado el nombre de Jerez fuera incluso de nuestras fronteras y que atraen a la ciudad a numerosísimas personas deseosas de presenciarlas o de participar en ellas, tales como el Concurso de Saltos, el Raid Hípico Internacional, los Concursos Completos de Enganches, de Acoso y Derribo, de Doma Clásica, Completo de Equitación, de Doma Vaquera, o los Concursos exhibición de Ganado Selecto Caballar y de Enganches.

No podemos olvidar que precisamente al cobrar la figura del Caballo un especial protagonismo en nuestras fiestas, Jerez ha sido visitado, en dos ocasiones, por la Escuela Española de Equitación de Viena o por los Cuadros Negros de Samur (Francia), espectáculos ecuestres ambos de una categoría indiscutible.

Claro que donde el caballo y la feria encontrarán su mejor coincidencia que duda cabe que será a mediodía, cada jornada y especialmente las de sábado y domingo, cuando el Real se hace paseo de Enganches y caballistas, ya que es entonces cuando se produce el momento más genuinamente nuestro y hermoso de todo el festejo.

Habrá concluido cualquiera de las pruebas hípicas que, a lo largo de la Feria, tienen lugar cada día en las pistas del Depósito de Sementales y poco a poco, comenzarán a llegar al Parque González Hontoria los primeros carruajes –“Enganches”, como aquí les llamamos- y los primeros jinetes y amazonas, para iniciar lo que se conoce como el -paseo de caballos-, que en síntesis es un continuado carrusel de aquéllos y de éstos por el Paseo del Real, jugando con los claroscuros que produce el sol al filtrarse por las frondosas copas de los árboles...

Y empezará, poco a poco también, el público a congregarse en las aceras, a extasiarse con tanto señorío y tanta belleza, mientras, a la media potencia o a la calesera, los Enganches no paren de dar majestuosas vueltas ante los atónitos ojos de cuantos les contemplen. Será como una incomparable exhibición, que en muy pocos lugares como aquí podrá contemplarse, donde alternarán “pitters” con “faetones”, o “landós” con “arañas”, que lucirán sus engalanados pescantes, sus impolutos y brillantes faroles dorados o plateados; que hasta en las masas de las ruedas evidenciarán hasta qué punto se cuida el detalle; que llenarán el aire con el multicolor de los bodages amarillos y rojos, verdes, azules y blancos...

Los cascabeles entonarán la mágica melodía que contagia y alegra, y el bullicio crecerá entre los espectadores, con exclamaciones de admiración cuando ante ellos pasen los caballos españoles, que proclamarán orgullosos su estirpe, de la que nacerían lipizzanos o criollos, o aquellos otros anglo-hispano-árabes, puro sangres ingleses, que los ganaderos jerezanos han sabido criar como nadie y han convertido, aunque muchos no lo sepan, en otra manera de jerezanear por el mundo, en la que no deja de estar presente la propia raíz de la raza autóctona de esta tierra.

Muserolas y cinchas, amarres y bocados, monturas amugas, percheros y cabezadas, galápagos, monturas vaqueros jerezanas, mientras el broceo peculiar de nuestros caballos servirá de base a la varonil estampa de un traje corto al que los zahones reforzarán su imagen campero y el traje de gitana -de faralaes paro otros- será como la flor abierta al sol de la mañana.