

No cabe duda de que el flamenco pertenece al patrimonio inmaterial de Jerez y, a partir de este año, es Patrimonio de la Humanidad, pues así lo ha nombrado la Unesco. Por ello, nuestra Feria del Caballo está este año dedicada al Flamenco. Es, pues, uno de los referentes sin duda más importantes de cuantos componen el acervo cultural de esta tierra. Por ello, no sería posible entender una Feria del Caballo sin la presencia en el Real de las peñas flamencas, catalizadoras de esta genuina y particular manera de vivir la alegría del cante, la fuerza del baile, y la elegancia del toque.
Numerosas peñas se dan cita durante los días de celebración de la Feria del Caballo en el Parque González Hontoria, entre ellas Tío José de Paula, Buena Gente, Los Cernícalos, El Pescaero, Luis de la Pica, Paquera de Jerez, y Pepe Alconchel.
En sus casetas, diseminadas a lo largo y ancho del recinto ferial, siempre hay tiempo para la sorpresa, y siempre hay lugar para la fiesta, porque nunca se sabe el momento en el que pueden volver a surgir los duendes. No hay que buscar la ocasión, sino simplemente encontrarla. Así es el flamenco, y así lo será siempre; y, por eso, si la fiesta surge, tan sólo hay que dejarse llevar por ella, en los aires lentos de una siguiriya, o en el compás hermoso de la bulería.
Además, existe otro factor que hace de estas casetas un referente fundamental de la Feria, como es el culinario, ya que la cocina flamenca cuenta con especialidades que ya se han convertido en seña de identidad de la gastronomía autóctona de Jerez de la Frontera. El ajo caliente, el puchero, la cola de toro, los alcauciles y los riñones al jerez, los chocos con papas, el menudo o la berza no son sino claros ejemplos de una cocina que durante la Feria del Caballo se convierte en la mejor acompañante de los finos, amontillados y olorosos de la tierra.