Una Semana Santa con carácter propio

El paso de Jesús de la Salud en sus Tres Caídas, por la plaza Peones, seguido por multitud de fieles, y con la Catedral al fondo. Esta fotografía, de Manuel Pascual, fue la ganadora del concurso de fotografía de Semana Santa del Ayuntamiento en 2006.

La Semana Santa de Jerez constituye una de las referencias más importantes dentro del calendario festivo de la ciudad, ya que, declarada de Interés Turístico Nacional, su puesta en la calle, su historia, y sus formas, le confieren sin duda unas características especiales, que la hacen diferente al resto de las que se celebran en otros puntos de nuestra geografía.

Treinta y cinco hermandades de penitencia, a las que también se suma la hermandad del Señor resucitado, llenan de contenido una semana, la que va del Sábado de Pasión al Domingo de Resurrección, en la que de nuevo cobran vigencia las raíces históricas de esta particular celebración.

La Semana Santa, tal y como la conocemos hoy, hunde sus orígenes en los primeros años del siglo XX, porque casi todo lo conocido anteriormente, o desapareció, o fue sustancialmente transformado cuando las antiguas cofradías se reorganizaron, adoptando la forma que hoy conocemos. 

De esta forma, Jerez cuenta en la actualidad con dos estilos bien diferenciados, de una parte el que de modo minoritario aún mantiene los gustos y maneras decimonónicas, y de otra parte, el que se ha actualizado a los gustos de las nuevas épocas.

Así, y en el primero de los casos, dos hermandades se erigen en defensoras de los viejos estilos procesionales, las cofradías de Jesús Nazareno, y del Cristo de la Expiración, hermandades que aún siguen procesionando según los usos y costumbres con los que nacieron hace más de cuatro siglos.

Pasos portados a un solo hombro y sostenidos en los descansos por horquillas, y túnicas “a la egipcia”, sin antifaz que cubra la cara, son las señas distintivas de esta forma de salir a la calle, a las que en el caso de la hermandad del Nazareno, se une el hecho de ser la única cofradía en la que sus filas “de luz” están compuestas exclusivamente por hermanas con faroles.  

Además, ambas cofradías sacan a la calle amén de sus dos pasos, un tercero en el que a la forma antigua, procesiona la imagen solitaria del apóstol San Juan, pasos que generalmente quedan a cargo de los más jóvenes de la corporación.

Pero además de estas particularidades, otras referencias se convierten cada año en elementos fundamentales que ayudan a entender la Semana Santa desde una visión absolutamente jerezana: la Cruz de Guía de la Hermandad de la Vera Cruz, portada sobre andas, al estilo de cómo en la Edad Media comenzaron a celebrarse los primeros Vía Crucis, la “trompeta saetera” de la hermandad del Mayor Dolor, vestigio del antiguo toque de corneta utilizado para avisar al pueblo de la presencia de algún saetero, o las escolanías de infantes cantores del “Stabat Mater” en la hermandad de Las Angustias y del “Miserere” en Las Tres Caídas, reminiscencia de las antiguas corales situadas en los frontales de los pasos.

Junto a todo ello, no debemos olvidar que Jerez, como una de las cunas del Flamenco que es, cuenta cada año con rincones especialmente dedicados a la saeta, cante directo dirigido a Cristo y a María, que cataliza el enorme acervo cultural que subyace de esta genuina forma de entender este arte, con estilos que van desde la “seguiriya” hasta el “martinete”, pasando por la “soleá” o la “carcelera”.

En definitiva, una Semana Santa con marchamo propio, que une además a estos referentes, una imaginería de enorme calidad, e igualmente, una magnífica colección de enseres, muchos de los cuales pertenecen a la primera escuela procesional sevillana, renovada en su día por las cofradías hispalenses, con destino final en Jerez.

Esto nos permite disfrutar cada año de pasos de misterio cargados de indudable sabor, que aún conservan el aura con el que se concibieron, e igualmente, pasos de palio que heredan de la historia el diseño, la orfebrería y el bordado de los grandes maestros.

La luz de los cirios destaca en las noches de la Semana Santa Jerezana. Foto de Manu López Iglesias
La recogida del Cristo de la Viga combina la sobriedad de esta imagen gótica con el espectáculo de cientos de bengalas que son encendidas a su llegada. Foto de Manu López Iglesias
La meteorología y las casualidades de la providencia dejan a veces estapas inusuales. Foto de Manu López Iglesias
Nazarenos del prendimiento, esperando a que salga el cortejo. Foto de Manu López Iglesias