

En el segundo día de la Semana Santa jerezana, tenemos cinco cofradías en la calle. Todas fueron fundadas en el siglo XX, y casi todas las imágenes son de este siglo. De entre las excepciones, por haber sido talladas mucho antes, destaca el Cristo de la Viga, de finales del siglo XV o principios del XVI.
La Cena, la Candelaria, Amor y Sacrificio, la Viga y La Paz, una de las hermandades más jóvenes… son nombres sugerentes, son títulos populares que despiertan nuestra curiosidad.
Las trece tallas del paso de la Cena o los bordados del paso de palio; la Verónica que muestra el lienzo con el rostro del Nazereno de la Plata; el dolor de Nuestra Señora del Amor y Sacrificio; el patético realismo del Cristo de la Colegial –después de tantos siglos nos cuesta mucho decir Catedral-; o la pujanza de una hermandad joven de barrio, como La Paz, todo supera lo que nos habíamos imaginado, y si cada una de estas cofradías la vemos en el sitio adecuado, el recuerdo será imperecedero.
Ver la salida de la Hermandad de la Candelaria o la entrada del Cristo de la Viga; acompañar a La Paz por su barrio de La Constancia; esperar a la Cena por la Plaza Rafael Rivero o ver bajar por la calle Sol a la Virgen del Amor y Sacrificio son momentos que valen un potosí.