LA PAZ

  • Nombre completo de la Hermandad

Hermandad de la Santa Cruz y Cofradía de Nazarenos de Nuestro Señor Jesús de la Paz en el Desprecio del pueblo, María Santísima Refugio de los Pecadores, Gloriosa Virgen de Fátima y Bendito Patriarca San José.

  • Titulares

Nuestro Señor Jesús de la Paz en el Desprecio del pueblo y María Santísima Refugio de los Pecadores.

  • Sede canónica

Parroquia de Fátima.

Jesús de la Paz. Foto: Fernández Lira
María Santísima Refugio de los Pecadores. Foto: www.lapazdefatima.es
  • Reseña histórica

A finales de los años 70 se crea a partir de las inquietudes de un grupo de niños y jóvenes de la barriada de “La Constancia", una Asociación juvenil para mostrar en el barrio durante la Semana Santa cómo entendían el culto a Dios sacando un paso por sus calles.

Ayudados por el feligrés y benefactor, D. José Salado Torres "Chico", se mantuvo esta actividad casi durante dieciocho años recibiendo el apoyo de un barrio que no contaba con otro aliciente religioso o cultural durante la Semana Santa.

Tras la iniciativa de ésta Asociación Juvenil, surgen otras, contemporáneas, hoy en día Hermandades y Cofradías, por lo que se originaron las llamadas procesiones paralelas de los Viernes de Dolores, que no contaban con el apoyo de la Iglesia local de Asidonia–Jerez.

Con el transcurrir de los años, y dejando ya de ser niños, se percatan de que el mensaje que se quiere dar al barrio nos es sólo sacar un paso por las calles, sino dar al barrio y a la feligresía de la Parroquia de Fátima una Hermandad que pueda dar culto a Dios por su Hijo Jesucristo en el Espíritu Santo, y a su Bendita Madre, María, para mayor gloria de Dios con todo el apoyo de nuestra Iglesia Local, a la que, con el Concilio Vaticano II, consideramos y creemos que es  “porción del pueblo de Dios que se confía a un Obispo para que apaciente con la cooperación de un presbiterio para que, unida a su pastor y reunida por él en el Espíritu Santo por el Evangelio y la Eucaristía, constituye una Iglesia particular”  y que camina en Asidonia–Jerez.

En 1995 se mantiene un encuentro con el Rvdo. Sr. Cura Párroco Don Buenaventura Sánchez Falcón, el cual insta al cese de toda actividad no acorde con los principios eclesiales y les invita a formar un grupo de catequesis dirigidos por Don Juan Infantes Moreno y Don Enrique Bellido Asencio, catequistas de la Parroquia de Fátima, comenzando en abril de 1996.
En el año 1998 llega a Jerez la imagen de Ntro. Padre Jesús de la Paz, encargada un año antes en Sevilla, el 9 de septiembre de 1997, tras comunicarlo al Párroco y tras consultar éste con el Obispado, el  8 de marzo de 1999 se firma la cesión de la imagen a la Parroquia de Fátima recibiendo la misma Don Buenaventura Sánchez Falcón, Párroco, y Don  Luis Valle Jurado, presidente seglar que fue, del Consejo de Pastoral, el 26 de abril de 1999 se recibe la aceptación de la cesión por parte del Obispado y se le encomienda al Párroco que el grupo de devotos redacten unos estatutos para convertirse en Asociación Parroquial firmando la nota Don Francisco González Cornejo, Secretario General-Canciller que fue.

El 30 de abril de 1999 se constituye la Asociación Parroquial y se nombra una comisión gestora de la misma por parte del Párroco: Presidente, Don Víctor Delgado Gómez; Vicepresidente, Don Jesús Caro Barea; Secretario, Don José Luis Lobato García; Tesorero, Don Juan María Soto Morales; Vocal de Cultos, Don Óscar Sola Fernández; y como vocales, Don Francisco Jesús Grimaldi Álvarez, Don Gonzalo Grimaldi Álvarez, Don Miguel Morales Ruiz, Don Enrique Bellido Asensio, Doña María del Carmen Gutiérrez Escalera, Don Manuel Delgado Aguilar y Don Daniel Otero Vázquez.

El 10 de junio de 1999, Don Rafael Bellido Caro, Primer Obispo de Asidonia–Jerez, bendice la Imagen de Nuestro Padre Jesús de la Paz, donde, entre palabras de ánimo y conminándonos a no caer en la idolatría, nos sentencia : “llegareis a ser Hermandad”.

Desde su fundación como Asociación Parroquial ha participado en cuantos actos litúrgicos y actividades se han organizado por nuestro Obispado de Asidonia-Jerez y por el Consejo Local de Unión de Hermandades, así como ha promovido y organizado actividades y actos litúrgicos de ámbito parroquial y diocesano.

El 8 de diciembre de 2006, en el transcurso de la Solemne Pontifical de la Inmaculada Concepción, en el primer templo Jerezano, nuestro Obispo Don Juan del Río Martín decretó la constitución en Hermandad de nuestra humilde Asociación Parroquial, siendo éste el punto de inflexión de nuestra aún corta historia.

El martes día 9 de noviembre de 2010, la Hermandad recibió la confirmación oficial por parte de la Unión de Hermandades de Jerez para realizar su Estación de Penitencia en la tarde-noche del Lunes Santo jerezano, cumpliendo así con el anhelo de la Cofradía.

  • Paso de Misterio

Explicación bíblica del misterio: (Texto redactados para la Hermandad por el Reverendo Padre Don Lorenzo Morant  Pons, Presbítero Especialista en Textos Bíblicos)

La sentencia de Pilato fue dictada bajo la presión de los sacerdotes y de la multitud judía, bajo la presión del propio pueblo de Jesús que desprecia al Mesías prometido. La condena a muerte de Jesús es respuesta al grito: «¡crucifícale!» (Mc 15,13-14; Mt 27,22-23; Le 23,21). El pretor romano parece querer eludir la sentencia o la culpa lavándose las manos, desentendiéndose del testimonio de la verdad que Jesús le da (Jn 18,38). Pilato buscaba conservar la independencia, mantenerse en cierto modo al «margen». Pero la cruz a la que Jesús es condenado afecta profundamente a cada persona, al romano y al judío, porque esta fue y sigue siendo trono de la Realeza de Cristo, frente a la cual no se puede permanecer indiferente o mantenerse al margen (Jn 18,36-37). A Jesús, hijo de Dios, se le pregunta por su reino, y por ello es juzgado por el hombre y condenado a muerte, es el principio del testimonio final de un Dios que tanto amó al mundo (cf. Jn 3,16).

Jesús de la Paz. Fotografía de Fernández Lira.

"¿A vuestro rey voy a crucificar?" pregunta Pilato (Jn 19,15), pero el pueblo lo desprecia, desprecia al Mesías enviado por Dios y como al comienzo de su historia aceptan un rey extranjero en lugar de su único Señor -Pero vosotros ahora habéis rechazado a vuestro Dios, a aquel mismo que os salvó de todos vuestros males y aprietos, y le habéis dicho: "No; tú pornos un rey." (ISam 10,19)-. Es el propio pueblo elegido, el pueblo de Dios, el pueblo de Jesús el que condena a Jesús, -"todo el pueblo respondió: «¡Su sangre sobre nosotros y sobre nuestros hijos!»" (Mt 27,25)-. Como trasfondo, queda en la escritura la profecía que avisa de la traición, del dolor de Dios ante un pueblo que lo abandona: "¡Ay, gente pecadora, pueblo tarado de culpa, semilla de malvados, hijos de perdición! Han dejado al Señor, han despreciado al Santo de Israel, se han vuelto de espaldas" (Is 1,4).

El desprecio de los suyos, de todo su pueblo testimonia a Jesús como el varón de dolores, siervo sufriente que no condena sino que salva a su pueblo soportando su pecado (Is 53). Se cumple la profecía del Señor en la parábola de la viña. El Hijo es despreciado, los trabajadores de la viña lo echan fuera y van a matarlo... pero resuena la esperanza de la Resurrección: "La piedra que desecharon los constructores; se ha convertido en la piedra angular" (Mt 21,33-46). En esta esperanza y con la mirada puesta en la Resurrección Cristo aparece como Señor y portador de la paz para aquellos que siendo culpables son salvados por él -El soportó el castigo que nos trae la paz, y con sus heridas hemos sido curados (Is 53,5)-.

La verdadera y única Paz que Cristo nos ofrece se encuentra precisamente en su cruz y en la reconciliación con nuestro Dios por medio de su amor, "y la prueba de que Dios nos ama es que Cristo, siendo nosotros todavía pecadores, murió por nosotros" (Rom 5,8). Así, la Santa Cruz es el signo definitivo del amor de Dios, es el verdadero instrumento de la salvación y el verdadero trono del verdadero y único Rey, Cristo Jesús, que despreciado por su pueblo nos reconcilia con Dios y reconcilia todas las cosas del cielo y de la tierra "haciendo la paz, por la sangre de su Cruz" (Col 1,20).

Explicación iconográfica: (Texto redactados para la Hermandad por el Reverendo Padre Don Lorenzo Morant  Pons, Presbítero Especialista en Textos Bíblicos)

El momento exacto que se pretende representar el misterio es el momento en que Pilato "se lo entregó para que fuera crucificado", pero reúne en sí todo el significado del momento, de la condena de Jesús, del desprecio de su pueblo y del comienzo de su Pasión. La iconografía, por tanto, está inspirada especialmente en todo el pasaje evangélico de Juan 19,1-17:

Pilato entonces tomó a Jesús y mandó azotarle. Los soldados trenzaron una corona de espinas, se la pusieron en la cabeza y le vistieron un manto de púrpura; y, acercándose a él, le decían: «Salve, Rey de los judíos». Y le daban bofetadas.

Volvió a salir Pilato y les dijo: «Mirad, os lo traigo fuera para que sepáis que no encuentro ningún delito en él». Salió entonces Jesús fuera llevando la corona de espinas y el manto de púrpura. Díceles Pilato: «Aquí tenéis al hombre».

Cuando lo vieron los sumos sacerdotes y los guardias, gritaron: «¡Crucifícalo, crucifícalo!» Les dice Pilato: «Tomadlo vosotros y crucificadle, porque yo ningún delito encuentro en él».

Los judíos le replicaron: «Nosotros tenemos una Ley y según esa Ley debe morir, porque se tiene por Hijo de Dios». Cuando oyó Pilato estas palabras, se atemorizó aún más. Volvió a entrar en el pretorio y dijo a Jesús: «¿De dónde eres tú?» Pero Jesús no le dio respuesta. Dícele Pilato: «¿A mí no me hablas? ¿No sabes que tengo poder para soltarte y poder para crucificarte?» Respondió Jesús: «No tendrías contra mí ningún poder, si no se te hubiera dado de arriba; por eso, el que me ha entregado a ti tiene mayor pecado». Desde entonces Pilato trataba de librarle.

Pero los judíos gritaron: «Si sueltas a ése, no eres amigo del César; todo el que se hace rey se enfrenta al César».  Al oír Pilato estas palabras, hizo salir a Jesús y se sentó en el tribunal, en el lugar llamado Enlosado, en hebreo Gabbatá. Era el día de la Preparación de la Pascua, hacia la hora sexta. Dice Pilato a los judíos: «Aquí tenéis a vuestro Rey». Ellos gritaron: «¡Fuera, fuera! ¡Crucifícale!» Les dice Pilato: «¿A vuestro Rey voy a crucificar?» Replicaron los sumos sacerdotes: «No tenemos más rey que el César». Entonces se lo entregó para que fuera crucificado. Tomaron, pues, a Jesús, y él cargando con su cruz, salió hacia el lugar llamado Calvario, que en hebreo se llama Gólgota.

Se hace necesaria una doble mirada: la mirada al acontecimiento histórico, que presenta a Jesús, despreciado por su pueblo y la mirada al acontecimiento salvífico que nos presenta al Señor de la Paz, ofreciéndose por la salvación de aquellos que lo desprecian y lo condenan.

Para conseguirlo parece necesario situar la imagen del Señor en el centro, posiblemente en un punto más elevado que el resto de las imágenes. Así se le ofrece como el auténtico protagonista del drama que se desarrolla. El Señor aparece coronado de espinas, flagelado y siendo cubierto de nuevo por su túnica (se sigue el orden de la Pasión en el evangelio joánico). También en el centro de la escena, ante la imagen de Jesús, debe destacar la Santa Cruz, a la que se dirige la mirada del Señor en un gesto sereno de aceptación, pues en medio del desprecio, Cristo aparece como Señor de la Paz.

Es importante, por tanto, que en la iconografía aparezca la Cruz del Señor no como un simple ornamento, sino como una imagen principal, tan importante como la de Jesús e incluso más que las imágenes secundarias (especialmente teniendo en cuenta que la hermandad pretende contar entre sus titulares con la Santa Cruz). Por eso, es necesario que la Cruz y la imagen del Señor aparezcan ambas como el centro de la escena, sin prescindir de ninguna de ellas, ni hacer destacar una por encima de la otra -aún cuando por razón lógica, la imagen del Señor prevalecerá naturalmente ante la mirada de todos-.

Alrededor de la imagen del Señor y de la de la Santa Cruz se desarrollan dos planos distintos, que completan la escena y que es importante situar correctamente.

Ante Jesús se encuentra el pueblo judío, pueblo elegido que rechaza al Mesías y es quien le ofrece la cruz. El pueblo debe estar representado especialmente por dos figuras, Caifas como Sumo Sacerdote, ataviado con las vestiduras y los ornamentos rituales que lo identifican y un judío sencillo, miembro del pueblo. Ambos le ofrecen la cruz a Jesús, significando su desprecio al Mesías, y simbolizando en el gesto de ese ofrecimiento el grito del pueblo: "¡crucifícalo!".

Tras Jesús, encontramos a los romanos, con la figura de Pilatos que pretende mantenerse al margen del acontecimiento, pero consciente de haberse dejado arrastrar por ese pueblo al sentenciar la muerte del reo. A su alrededor pueden ir colocadas otras imágenes secundarias que ayuden a completar la escena como por ejemplo soldados romanos, la mujer de Pilato (significando su deseo de mantenerse al margen), el Senatus, esclavos de distintas razas (que representen a todos los pueblos)...

Pilato y Caifas se encuentran en diálogo. Casi al margen de Jesús, Pilato parece despreciar a los judíos y Caifas lo increpa, haciéndose a sí mismo y a su pueblo responsable y culpable de la condena de Jesús. Así se manifiesta el desprecio del pueblo. La imagen está plenamente expresada en los Improperios del Viernes Santo que tan bien reflejan la espiritualidad del misterio:

¡Pueblo mío! ¿Qué te he hecho,
en qué te he ofendido? Respóndeme.
Yo te saqué de Egipto;
tú preparaste una cruz para tu Salvador.

Finalmente es importante que el conjunto del paso se construya en armonía, completándolo con ornamentos y símbolos que den mayor profundidad simbólica a la escena, tales como otros instrumentos de la Pasión (como la palangana de Pilato, la caña de la coronación, el paño púrpura...) pero destacando siempre principalmente las imágenes del Señor y de la Santa Cruz.

  • Paso de Palio

María Santísima Refugio de los Pecadores: La imagen es obra del escultor natural de Rociana del Condado (Huelva) Elías Rodríguez Picón. La dolorosa llega a Jerez al Convento de los Padres Capuchinos siendo adquirida por la Hermandad mediante cuestación popular en el año 2007.

Procesiona por primera vez, en estación penitencial, en el año 2011.

  • Escudo y túnica

El Escudo de la Hermandad estará formado por una cartela color púrpura, enmarcada en color oro y rematada superiormente por la capilla de la Virgen de Fátima en color blanco y oro. En el centro de la cartela se encuentra una cruz griega color oro, símbolo de paz, amor e igualdad de fuerzas, figurando a sus lados el lema "Annus Domini lubilaeum 2.000", (Año Jubilar). En los extremos inferiores de la Cruz, figuran dos pabellones, uno a cada lado, en el de la izquierda de color turquesa se observa el anagrama de María con la corona de la Virgen de Fátima, en el de la derecha de color carmesí, una paloma blanca símbolo de paz. En la parte inferior de la cartela se encuentra la leyenda en latín: "Charitas Christi Urget Nos", (La caridad de Cristo nos apremia), en referencia al texto de 2 Cor  5, 14.

  • Atributos más destacados

Tenemos un buen conjunto de insignias con bordados de Fernando Calderón  como son; el Guión, los banderines de la virgen de Fátima y del señor de la paz. Ciriales. Juego de incensarios, faroles…

  • Acompañamiento musical

Lleva delante de la Cruz de Guía la Agrupación Musical Virgen del Refugio de Jerez, acompaña al Paso de Misterio la Agrupación Musical Virgen de Valme de Dos Hermanas, y tras el Paso de Palio, la Banda de Música Álvarez Quintero de Utrera.

  • Junta de Gobierno

La actual Junta de Gobierno tomó posesión de su cargo el 22 de
septiembre de 2012.

• Director Espiritual: Ilmo. Sr. D. Buenaventura Sánchez Falcón
• Hermano Mayor: Víctor Delgado Gómez
• Tte. Hermano Mayor: David Márquez Herrero
• Secretaria: Pilar Martínez Marín
• Tesorero: Manuel Pareja Rubio
• Mayordomo: Jesús Caro Barea