Paisajes del Jerez Rural

Siempre se ha definido el medio físico de Jerez, con la palabra diversidad. No en vano, muchos son los distintos paisajes que podemos encontrar a lo largo de su extensa superficie, tanto naturales como  los transformados por el ser humano.
Si hacemos un recorrido imaginario por nuestro término de Oeste a Este, nos encontramos con la campiña, en la que aún podemos ver zonas de marismas y el desarrollo de cultivos tradicionales como la vid. Tras pasar el núcleo urbano  de Jerez aparece el río Guadalete recorriendo un fértil valle que compone los terrenos de más alto valor agrícola, enmarcado por cultivos de secano al norte y al sur del mismo. En sus proximidades vemos una serie de lagunas de singular interés ecológico (Medina, La Isleta, Las Quinientas...) tanto por su carácter de zonas húmedas de origen endorreico como por la fauna y flora que albergan. Dejando atrás La Barca de la Florida comienzan a surgir los terrenos de pastizales y las dehesas, que nos van marcando una evolución en el paisaje que habrá de conducirnos a las primeras formaciones serranas: el Valle, Dos Hermanas, La Sal, Las Cabras,... para culminar en la Sierra del Aljibe donde la arenisca conforma una vegetación apretada y singular y en la que el monte mediterráneo establece su predominio, albergando una fauna rica y variada y con algunas de sus especies en peligro de extinción.

Este esquemático recorrido nos sirve para situarnos en un paisaje atractivo, variado, lleno de contrastes y casi siempre de un gran valor estético. Es un territorio con un alto potencial ambiental que es necesario preservar, compatibilizando el aprovechamiento de los recursos naturales con la conservación de los valores ambientales en donde se dan las condiciones para ello, o protegiendo integralmente aquellas zonas que por sus valores ecológicos o por la vulnerabilidad intrínseca o fragilidad frente a la explotación de los recursos así lo requieren.

A fin de hacer una descripción pormenorizada de las distintas unidades de paisaje, las clasificaremos en las siguientes categorías :  Zonas Húmedas,  Riberas del Guadalete,   Arroyos, Sistemas Forestales, Complejos Serranos y zonas  de  Interés Paisajístico y Cultural.

1.- Zonas Húmedas:

Bajo la denominación de humedal se encuadran un amplio grupo de ambientes que tienen como común denominador la existencia de una lámina de agua significativa, tanto en su extensión como en su permanencia. En nuestra campiña encontramos lagunas y marismas. Se trata de ecosistemas enormemente productivos que aumentan la biodiversidad de nuestro entorno. En climas secos como el nuestro contribuyen a suavizarlo, diversifican el paisaje, de su supervivencia dependen numerosos organismos, contribuyen a evitar inundaciones al almacenar importantes cantidades de agua.

Desde la prehistoria estos espacios han sido muy importantes para el hombre ya que de ellos obtenía recursos como agua, carne, pescado, huevos, materias vegetales para construcción y cestería, etc.. A pesar de ello durante el último siglo la superficie que ocupaban los humedales ha sido reducida considerablemente por la acción del hombre. Son diversas las razones que motivaron la desecación de estos espacios siendo las más frecuentes la obtención de nuevas tierras de cultivos, la extracción de áridos y la eliminación de lugares de reproducción de mosquitos que antaño transmitían enfermedades. La colmatación debida a la erosión producida por la agricultura y el impacto de distintos tipos de infraestructuras también han contribuido a la desaparición o degradación de humedales.

  • 1.1.- Lagunas

En la campiña jerezana encontramos varias lagunas, casi todas concentradas al sur cerca del Guadalete, salvo la de Los Tollos, al norte, justo en el límite entre las provincias de Cádiz y Sevilla. Aunque todas son de origen endorreico, es decir, son el lugar donde se acumula el agua de una cuenca cerrada, los tamaños, entornos, estados de conservación, e incluso, grados de protección, son muy diferentes. La permanencia de la lámina de agua depende de factores como el volumen de precipitaciones anuales, tamaño y profundidad del vaso lagunar, extensión de la cuenca de recepción y la existencia de actividades humanas que detraigan agua. Esta última causa es la que tiene un impacto negativo dado que las anteriores son inherentes a la existencia del propio humedal. Desvío o extracciones del acuífero o de los arroyos tributarios, abertura de drenajes, destrucción de la cuenca o colmatación del vaso lagunar son algunos de los impactos causados por estas actividades. Con sus 125 ha la Laguna de Medina es, en la actualidad, la mayor de la provincia de Cádiz y la segunda de Andalucía, seguida de la de Los Tollos, que ocupa el segundo puesto a nivel provincial y tercer puesto a nivel autonómico.

Se han incluido aquí las siete lagunas actualmente existentes en nuestro término, estando calificadas todas ellas como de Especial Protección Integral. La vulnerabilidad de estos espacios radica en la delicada dinámica de funcionamiento que tienen, ligadas siempre al agua, los procesos de colmatación a los que están sometidas y el entorno degradado en el que se ubican algunas de ellas. Son ecosistemas que albergan una fauna singular ligada al medio lacustre y gran parte de ella en peligro de extinción.


* Laguna de Medina
* Laguna de Las Quinientas
* Laguna de Los Tollos
* Laguna de La Isleta
* Laguna del Tejón
* Laguna de Las Canteras
* Laguna de Jarilla-Jarreta
* Laguna de La Obscuridad 

Laguna de Medina
Laguna de Medina (Foto : Antonio Barroso)
Laguna de Jarilla - Jarreta
Laguna de Jarilla - Jarreta (Foto : Antonio Barroso)
  • 1.2.- Marismas

Se trata de marismas interiores formadas por antiguos brazos del Guadalquivir, alguno de los cuales lo comunicaban con el Guadalete.

A los procesos naturales de colmatación y modificación de la desembocadura de los ríos, producidos por el arrastre de materiales por parte de estos, en el caso del Guadalquivir y el Guadalete tenemos que sumar la erosión producida por la mano de hombre. Agricultura, ganadería, minería y aprovechamientos forestales se remontan en la cuenca de estos ríos miles de años atrás. Estas actividades aceleraron un proceso que de forma natural hubiera sido mucho más lento. De manera que espacios que en los textos antiguos se mencionan como inundados, incluso en algunos casos como navegables, en la actualidad se encuentran tierra a dentro, limitándose su inundación, en el mejor de los casos, a unas pocas semanas en los años de abundantes precipitaciones. Se extienden desde las cercanías de El cuervo (Marismas de Casablanca o Morabita) hasta las inmediaciones de Jerez, pasando por Mesas de Asta. Cuando carecen de agua, cosa que ocurre la mayor parte del año, es fácil de averiguar el espacio que ocupan observando la vegetación halófila que en ellas se desarrolla.

Marismas de Casablanca
Marismas de Casablanca (Foto: Antonio Barroso)
  • 1.3.- Charcas

Este tipo de ambientes han sido históricamente infravalorados debido a factores como su pequeña extensión, su breve perdurancia o su prácticamente nulo aprovechamiento económico. Por ello fueron con frecuencia eliminados mediante el relleno o drenaje. En la actualidad esta visión ha cambiado y hoy sabemos que de su supervivencia dependen numerosos organismos como anfibios, reptiles, invertebrados y plantas acuáticas. También proporcionan agua para beber a numerosas especies y barro para la construcción de nidos a aves como golondrinas y aviones. Además contribuyen a la recarga de acuíferos.

  • 1.4.- Balsas

En las últimas décadas han proliferado por la campiña pequeños embalses destinados a acumular el agua de algunos arroyos para su posterior uso en agricultura y ganadería. Aunque no podemos hablar de ecosistemas, en estos espacios se alimentan, descansan y reproducen numerosas especies de aves, anfibios, reptiles, peces e invertebrados. Debido a la gran fluctuación del nivel de sus aguas presentan poca diversidad botánica. En el año 2006 la Consejería de Medio Ambiente inventarió en Andalucía un total de 16.543 balsas. De ellas el 4% (587) se encuentran en la provincia de Cádiz.


2.- Riberas del Guadalete:

En la Provincia de Cádiz existe una extensa red de ríos y arroyos.

Concretamente, la campiña está atravesada de este a oeste por el principal río gaditano: el Guadalete. Éste ha tenido un papel esencial en la historia y economía del entorno.

Cabe destacar la importancia de la relación río-acuífero, puesto que de ésta surgen parajes de gran interés, cuya supervivencia depende de modo directo de las características de la alimentación hídrica subterránea.

Se trata de un río de tipo fluvial subtropical. Como la mayor parte de los ríos mediterráneos, presenta una fuerte estacionalidad, marcada por la pluviometría, con grandes crecidas en otoño e invierno y fuerte descenso en verano. Su cuenca vertiente es de 3.677 km2, con un elevado coeficiente de escorrentía, y su longitud de 164 kms. El desnivel es de 900 metros, que es la altitud de la Sierra del Endrinal. En su recorrido caben distinguir tres tramos: a partir de su nacimiento y durante 50 kms no forma vega. A partir de Puerto Serrano se asoma a la Campiña y recorre un segundo tramo de 100 kms., hasta las marismas de el Puerto de Santa María. El tercer tramo, de 14 kms., discurre por las marismas del Puerto de Santa María hasta su desembocadura en la Bahía de Cádiz, al Sur de la ciudad.

La pendiente es muy suave en todo este recorrido, por lo que la velocidad de sus aguas es muy lenta. Durante todo este recorrido el río describe numerosos meandros siendo más frecuentes y curvos en el tramo final. Cuenta con el aporte de diversos afluentes : por su margen derecha, los arroyos del Charco, Jédula y Salado de Caulina y por su margen izquierda, recibe al río Majaceite y a los arroyos Zumajo, Cabañas, Salado de Paterna y Buitrago.

Son cinco las zonas adyacentes a las márgenes del Guadalete en su curso medio y bajo, de pequeña superficie pero importantes por dos motivos: o bien son antiguas graveras que durante la actividad extractiva se les perforó el freático, por lo que cuentan con agua permanentemente (Caños de Adúzar, Casa del Duque, Berlanga, Segunda de Berlanguilla) y que constituyen un refugio para la avifauna que vive ligada al medio lacustre, o bien son meandros del río (Casa de La Tapa) que por su extensión albergan una vegetación importante que cumple la doble función paisajística y de protección.
Existen importantes espacios ligados al río como son: los bosques de ribera, terrazas fluviales, vegas aluviales y escarpes.

Río Guadalete
Río Guadalete (Foto : Antonio Barroso)

Los bosques de ribera tienen un papel crucial como cauces o vías migratorias para plantas o animales dada su continuidad, atravesando a otras formaciones vegetales con distribución en mosaico. De esta manera, en principio, se convierten en candidatos ideales para funcionar como corredores naturales, pero el precario estado de conservación que presentan hace necesario la puesta en marcha de actuaciones previas para su recuperación.
Las funciones de la vegetación de ribera son bien conocidas, entre ellas suelen destacarse las de estabilizar los márgenes y amortiguar el efecto de las crecidas y la de ofrecer refugio y alimentación a una rica fauna, pero casi nunca se incide en su valor intrínseco como formaciones vegetales de gran interés ya que, en el ámbito mediterráneo, presentan un incremento de la diversidad florística, de la complejidad estructural y de la producción de biomasa con respecto al resto de bosques de nuestra región.

Las mejores galerías se conservan a partir de Arcos en la Pedrosa, en torno a la Junta de los Ríos, en las cercanías de Majarromaque, en los Llanos de La Ina y en las proximidades de la Cartuja, si bien no se pueden considerar estrictamente como bosque de galería ya que se presentan alteradas y con especies extrañas a las que potencialmente debiera haber.

Se distinguen cuatro niveles de terrazas más el actual o vega aluvial de inundación. Las terrazas fluviales más antiguas datan del Pleistoceno, mientras que la cuarta y la actual corresponden al Holoceno. Dentro de estas terrazas antiguas se distingue entre aquellas terrazas que están constituidas por gravas, areniscas y arenas rojas, predominantemente silíceas, generalizadas en el curso más bajo del Guadalete, y aquellas otras constituidas por gravas y arenas con niveles más altos de CO3Ca del curso medio del mismo río. Dentro del material cuaternario se aprecia la importancia de los glacis, coluviones de ladera, y derrubios de naturaleza caliza o bien procedentes de la alteración de caliza tosca. Las terrazas pueden observarse perfectamente en las proximidades de Puerto Serrano, en distintos puntos de los llanos de Villamartín, en las cercanías de El Torno y Malabrigo, en la Gredera, cerca de La Ina o en El Portal.

Bosques de Ribera
Bosques de Ribera

Lomas, Vegas y Escarpes:  Son terrenos situados sobre el Río Guadalete (Lomas y Escarpes) o junto a él (Vegas).

Las Lomas y Escarpes son terrenos que forman una cornisa sobre el río confiriendo al entorno un paisaje heterogéneo que rompe con la uniformidad del río en su curso medio. Algunos llegan a medir más de 60 metros de altura. Su importancia es doble: paisajística y agroforestal, ya que acogen a una vegetación típica de monte bajo mediterráneo y con una componente antierosiva muy importante. Los Cejos del Inglés circunda la Laguna de Medina, con lo que contribuye al refugio de avifauna y mantiene con aquella una interacción constante.

En los cursos medio y bajo del Guadalete, las vegas constituyen sistemas complejos y fuertemente antropizados. Se originaron por la deposición de grandes cantidades de materiales, cuando el río inundaba las tierras colindantes que, con el paso del tiempo, dieron lugar a una gran capa de sedimentos. Son suelos fértiles y con excelente capacidad agrológica. Las vegas aluviales ocupan una franja que cruza la campiña en dirección N.E-S.O y otras de menor extensión en dirección perpendicular al valle, que corresponde a las vegas de los ríos Alberite, Majaceite, Albarda, Salado de Espera, Salado de Caulinay otros afluentes. La Vega del Torno es una zona relevante de la vega del Guadalete, representativa de los aprovechamientos agrícolas tradicionales en las zonas aluviales del río.

3.- Arroyos:

Los  seis arroyos afluentes, cuatro de ellos del Guadalete y dos del Majaceite, constituyen los más importantes de nuestro término. Con una problemática que abarca desde la denudación vegetativa de sus márgenes al de vertidos incontrolados procedentes de caseríos y poblaciones rurales, su protección es esencial para afrontar las fuertes presiones que soportan, con procesos erosivos graves y acción antrópica, es decir, causada por el hombre,  negativa. Cinco de ellos recorren la campiña, por lo que tienen una fuerte incidencia sobre el modelado del paisaje.

Cada arroyo suele llevar asociado su propio bosque de ribera, con las características especificadas en el párrafo anterior.

4.- Sistemas Forestales:

El paisaje de vegetación actual es fruto de una serie de acontecimientos tanto naturales como antrópicos. Pero es la influencia humana la que ha causado las mayores variaciones en el uso del territorio y ha modificado poco a poco el paisaje, fragmentándolo. Esto es debido a sus necesidades para establecerse en un lugar: la creación de una población, la transformación del terreno para su uso productivo agrícola y ganadero, y la creación de infraestructuras para el desplazamiento o el abastecimiento. De ellos, el desarrollo de la agricultura quizás haya sido uno de los factores más perjudiciales para el medio natural. De esta forma, la campiña ha sido testigo de la disminución de los bosques y praderas que antaño la caracterizaban. Actualmente, en ella se observan grandes extensiones de cultivos, poblaciones, carreteras, dehesas, además de pequeños restos de vegetación natural y bosquetes. Así pues, estos fragmentos de vegetación que, por uno u otro motivo, no han sido eliminados y que han quedado rodeados de un medio hostil, constituyen lo que llamamos bosques-isla. En la zona de estudio, existe una gran variación en el tipo de formaciones de los bosques, así encontramos: pinares, alcornocales, acebuchares y bosque mixto. Se sitúan de forma muy dispersa, en toda la extensión formando pequeñas masas de bosque, unos totalmente aislados y otros más cercanos entre sí. Estos ecosistemas albergan en su interior las condiciones necesarias para la supervivencia de especies animales y vegetales, actuando como verdaderos refugios. A demás, se convierten en candidatos ideales para funcionar como corredores naturales, junto con los bosques de ribera, que permitan los desplazamientos de las especies entre los distintos espacios naturales. Por otro lado, su conservación aporta también una serie de importantes beneficios: alimentan al ganado, aportan corcho, leña y frutos (espárragos, piñas, etc.), en ellos se realiza también actividades como la apicultura, protegen a los cultivos frente al viento, evitan la erosión y minimizan los efectos de la desertificación. De esta forma, al retener el agua de lluvia, estos bosques también disminuyen la pérdida de suelo y evitan su arrastre, que además de ocasionar efectos perjudiciales sobre los propios cultivos podría suponer la contaminación de las aguas superficiales por el arrastre de todo tipo de productos fitosanitarios utilizados en agricultura. El agua retenida por la vegetación, a su vez se infiltra en el subsuelo y puede actuar, por tanto, como fuente de recarga de los acuíferos. Además de estos valores, cabe destacar su importancia desde el punto de vista paisajístico y cultural, ya que, por un lado, suponen una diversificación del paisaje eminentemente agrícola como es el de la campiña y, por otro, son vestigios de las relaciones del hombre con su entorno. 

Calificados como de Especial Protección Compatible, se componen de formaciones adehesadas de Quercíneas o de Acebuche, situadas en la campiña y valle del Guadalete, que son testigos de las formaciones que en un pasado no muy lejano ocupaban este territorio. Están en abierta regresión debido a los desmontes y descepes continuos realizados para poner en cultivo estas tierras. La roturación en la dehesa, los cultivos agroindustriales, las actividades extractivas, son amenazas tan graves como para declarar la protección de estos espacios.

5.- Complejos Serranos:

Abarca la Sierra de la Sal, Las Cabras, San Cristóbal, Poyales, Del Valle, Gibalbín, Dos Hermanas, La Cuna y La Dehesilla. Son aquellas Sierras del término que no están incluidas en la Unidad del Aljibe y que presentan una relevancia ostensible en el paisaje. Todas disponen de una vegetación notable de carácter mediterráneo, salvo la Sierra de San Cristóbal, horadada por actividades extractivas y otras ligadas a actuaciones militares. Algunas albergan fauna especialmente protegida y especies múltiples de animales. Varias de ellas suponen un espacio de transición entre la campiña y vega del Guadalete y la Sierra del Aljibe (La Sal, Las Cabras, Poyales, Dos Hermanas, Del Valle) y otra, como la de Gibalbín, es la única en un amplio radio alrededor de la campiña, lo que refuerza su impacto paisajístico.

Sierra de Gibalbín
Sierra de Gibalbín (Foto: Antonio Barroso)
Sierra de San Cristóbal
Sierra de San Cristóbal (Foto: Antonio Barroso)
Montes de Propios
Montes de Propios (Foto: Antonio Barroso)

6.- Paisajístico y Cultural:

Calificados como de Especial Protección Compatible, estos espacios se han catalogado por su especial interés cultural, como el yacimiento de Mesas de Asta, Castillo y entorno de Berroquejo, Monasterio de Cartuja; o por su interés paisajístico singular como en el caso de las marismas de Espartinas, Loma de los Silos o Vegas de Elvira, situados en diferentes zonas de la campiña y que gozan de unas características singulares que los hacen relevantes en el entorno en que están ubicados.

Castillo de Torrecera
Castillo de Torrecera